This past year has been a torrent of loss for my husband—from his mother, father, and brother to the recent passing of a dear childhood friend. Day by day, God’s peace and strength have sustained us as we’ve walked through this long valley of shadows with Him. We continue to trust that God brings beauty from the ashes we surrender to Him, even as we emerge from the wilderness of hardship.
I recently listened to a teaching on Joshua and how God uniquely positioned him to lead Israel north into Canaan after Moses’ death. The message emphasized that Joshua’s leadership didn’t happen overnight. While serving faithfully under Moses, he learned to trust God. He and Caleb had once spied out the Promised Land with confidence that God would give it to Israel, but the people’s fear delayed their entry for another 38 years. By the time Joshua finally faced the giants in the land and led Israel toward their inheritance, he was about 78 years old. Yet he remained faithful, and God preserved his strength throughout the wilderness years. Joshua ultimately fulfilled his calling as a bold, courageous, and steadfast leader.
The wilderness seasons of our lives bring with them the temptation to forfeit our trust in God’s truth, for a platter of lies. But we’ve learned to appraise lies against the truth of God’s word—which has been our only sustenance in a dry and thirsty land, where untainted spiritual food is scarce. Even so, we’ve been fed at a table set before us by our God—in the very presence of our enemies. He has not failed us, and He never will.
We’re living in a time when confronting lies—in the form of spiritual giants in our culture and in our lives—has become a daily reality and a decision. Yet, those of us who have remained faithful—uncompromising and anchored in the word of God and the supernatural revelation of His Holy Spirit—carry a strength forged in the long, often difficult wilderness seasons of our lives. Those holy, hard, and hidden years of pruning, obedience, and trust—while God collected our tears in a bottle—have not been wasted.
We don’t need a platform or a formal ministry to be godly leaders. We simply need to live as examples worth following. As a spouse, a parent, a child, a friend, a neighbor, or a coworker, we can lead. Leadership doesn’t have to be loud or public—it is a steady, humble walk of integrity that quietly draws the attention of those around us. It’s a call to follow the King of Kings with courage and a consistent commitment to God’s truth.
As we continue to walk intimately with Jesus, the Messiah, we become equipped to guide others through the spiritual battles and giants they face. Just as He has sustained us, shaped us, and strengthened us to stand firm, He will use our journey to help lead others toward freedom, healing, and the promises God has prepared for them. Our journey through the wilderness becomes a testimony, and our faith in the God who led us out becomes a sure pathway for others to follow into the promised land of God’s glorious presence for an eternity.
May our faithful walk lead many to the feet of the Savior of the world!
Este último año ha sido un torrente de pérdidas para mi esposo: desde su madre, su padre y su hermano hasta el reciente fallecimiento de un querido amigo de la infancia. Día tras día, la paz y la fortaleza de Dios nos han sostenido mientras caminábamos por este largo valle de sombras con Él. Seguimos confiando en que Dios saca belleza de las cenizas que le entregamos, incluso mientras emergemos del desierto de las dificultades.
Recientemente escuché una enseñanza sobre Josué y cómo Dios lo posicionó de manera única para guiar a Israel hacia el norte, a Canaán, después de la muerte de Moisés. El mensaje enfatizaba que el liderazgo de Josué no surgió de la noche a la mañana. Mientras servía fielmente bajo Moisés, aprendió a confiar en Dios. Él y Caleb habían explorado la Tierra Prometida con la confianza de que Dios se la daría a Israel, pero el miedo del pueblo retrasó su entrada durante otros 38 años. Cuando Josué finalmente se enfrentó a los gigantes en la tierra y guió a Israel hacia su herencia, tenía alrededor de 78 años. Sin embargo, permaneció fiel, y Dios preservó su fuerza durante los años en el desierto. Josué finalmente cumplió su llamado como un líder audaz, valiente e inquebrantable.
Las temporadas de desierto en nuestras vidas traen consigo la tentación de renunciar a nuestra confianza en la verdad de Dios a cambio de un plato de mentiras. Pero hemos aprendido a discernir las mentiras a la luz de la verdad de la palabra de Dios, que ha sido nuestro único sustento en una tierra seca y sedienta, donde el alimento espiritual puro es escaso. Aun así, hemos sido alimentados en una mesa preparada por nuestro Dios, en la misma presencia de nuestros enemigos. Él no nos ha fallado, y nunca lo hará.
Vivimos en una época en la que confrontar las mentiras, en forma de gigantes espirituales en nuestra cultura y en nuestras vidas, se ha convertido en una realidad diaria y en una decisión. Sin embargo, aquellos de nosotros que hemos permanecido fieles, firmes e inquebrantables en la palabra de Dios y en la revelación sobrenatural de su Espíritu Santo, poseemos una fuerza forjada en las largas y a menudo difíciles temporadas de desierto de nuestras vidas. Esos años santos, difíciles y ocultos de poda, obediencia y confianza, mientras Dios recogía nuestras lágrimas en un frasco, no han sido en vano.
No necesitamos una plataforma ni un ministerio formal para ser líderes piadosos. Simplemente necesitamos vivir como ejemplos dignos de ser seguidos. Como cónyuges, padres, hijos, amigos, vecinos o compañeros de trabajo, podemos ejercer liderazgo. El liderazgo no tiene por qué ser ruidoso ni público; es un camino constante y humilde de integridad que atrae discretamente la atención de quienes nos rodean. Es un llamado a seguir al Rey de Reyes con valentía y un compromiso constante con la verdad de Dios.
A medida que continuamos caminando íntimamente con Jesús, el Mesías, nos capacitamos para guiar a otros a través de las batallas espirituales y los desafíos que enfrentan. Así como Él nos ha sostenido, transformado y fortalecido para permanecer firmes, usará nuestro camino para ayudar a otros a alcanzar la libertad, la sanación y las promesas que Dios ha preparado para ellos. Nuestro camino por el desierto se convierte en un testimonio, y nuestra fe en el Dios que nos guió se convierte en un camino seguro para que otros sigan hacia la tierra prometida de la gloriosa presencia de Dios por toda la eternidad.
¡Que nuestro caminar fiel guíe a muchos a los pies del Salvador del mundo!